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Researxting

Martin Huberman organiza una conversación virtual sobre el carácter íntimo de la metamorfosis del arquitecto devenido desarrollador

Reseaxting, Martin Huberman dialogando por mensajes de texto con Fernán Goldín
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Martin Huberman dialogando por mensajes de texto con Fernán Goldín, arquitecto de Estudio Dumont, 27 de enero de 2021. Actividad desarrollada por el CCA en el marco del proyecto CCA c/o Buenos Aires, 2021. © CCA

¿Cómo investigar los rasgos humanos que forjan una disciplina, en un período donde la propia humanidad nos pone en riesgo de vida? Cuando la distancia es la norma y lo digital ha fagocitado hasta al más corpóreo de los encuentros, ¿cómo se puede indagar en la intimidad de las historias que forjaron un momento?

En el período que siguió a la crisis económica argentina de 2001-2003, la disciplina creció, se amplió, adquirió nuevos lenguajes y saberes, pero no desde el academicismo, la teoría o la erudición, sino desde la llanura de la práctica. En ese esfuerzo que significó reconstruirse como profesional desde los escombros, se destaca la autogestión como movimiento, quizás hasta el día de hoy uno de los rasgos más destacados de la arquitectura porteña contemporánea. Para eso, el arquitecto tuvo que deslindarse en tiempo récord de un modelo de producción en el que dependía necesariamente del pedido de un cliente, para proyectarse como justo salvador de amigos y conocidos encolumnados bajo el más amplio de los significados del concepto de refugio, dándole abrigo a los ahorros rescatados de la debacle bancaria en forma de emprendimientos residenciales.

Pero ¿de dónde surgieron esos conocimientos? ¿Qué tipo de estrategias se llevaron a cabo para dar origen a un rasgo profesional que todavía tiene vigencia?

Donde el sexteo se hace carne, nace researxting: un ensayo sobre investigaciones de carácter intimista en formato de chat. Una serie de conversaciones digitales con arquitectos de distintos géneros, edades y trayectorias, que atravesaron ese período común.

Extracto 1: el oficio

La investigación, desarrollada en forma de chats, nace de una lista de preguntas simples, que indagan cuestiones demasiado íntimas como para ser generalizadas. En una época regida por el “sálvese quien pueda”, y con una crisis que afectaba a todo el espectro socioeconómico nacional, paralizando por completo la actividad profesional a raíz de una inflación brutal, los arquitectxs comenzaron a desarrollar edificios por su cuenta, sin otra preparación formal que la propia voluntad. Pero ¿cómo aprendieron a hacerlo?, ¿cómo se les presentó el fideicomiso como herramienta para hacerle frente a la Nada? Los fragmentos de las entrevistas que siguen evidencian el carácter más dúctil de la disciplina, que la hermana con los oficios con los que comulga y que ordena. Para muchos, surgió un nuevo conocimiento –ausente en las instituciones académicas y profesionales– a partir de la viveza ancestral del intercambio oral, donde aún persiste el binomio clásico de maestrx y aprendiz. Los relatos de Ana Smud, Ana Rascovsky y Pablo Ferreiro establecen el origen de todo lejos de los libros, las aulas y la academia, pero dentro de la confianza que para algunos solo genera la familia.

Martin Huberman dialogando por mensajes de texto con Ana Smud, arquitecta de El Estudio de arquitectura Ana Smud, 25 de agosto de 2020
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Martin Huberman dialogando por mensajes de texto con Ana Smud, arquitecta de El Estudio de arquitectura Ana Smud, 25 de agosto de 2020, en el marco del proyecto CCA c/o Buenos Aires, 2021 © CCA

Ana Smud

MH:
OK, siguiente pregunta…
MH:
¿Cuándo fue la primera vez que oiste hablar de fideicomiso?
AS:
Uy no me acuerdo… pero hace mucho.
MH:
Ponele una fecha
AS:
Ambos padres son arquitectos y desarrollan
AS:
Me acuerdo de eso siendo estudiante
AS:
En el primer desarrollo de mi papá
AS:
No sé el año
MH:
¿2004-2005?
AS:
Sí, probablemente
MH:
¿O sea que la primera vez que oíste hablar de fideicomiso fue de la mano de tu viejo?
AS :
MH:
Bien. ¿Podés decir que hay algo de eso que hayas aprendido en la facu o es todo conocimiento traspasado de manera artesanal, como de boca en boca…?
AS:
Creo que no aprendí nada de esto en la Facu.


Ana Rascovsky

MH:
¿Cuántas unidades tiene?
AR:
10
MH:
¿Cuántas de esas unidades fueron para familiares o conocidos directos?
AR:
1 nosotros. 1 Irene. 3 familia. 2 amiga. 1 el socio desarrollador. Los demás los vendimos luego.
MH:
8 a conocidos y 2 a la venta.
AR:
MH:
De esos 8, ¿compraron para vivir o como inversión?
AR:
Nosotros para vivir, 2 de la amiga para ella y su hija. El resto inversión. Pero viste q al ppio no se sabe bien.... capaz en el de mi madre vivía mi hno…
MH:
Está claro. ¿Hay alguna diferencia en cuanto a diseño entre los que fueron pensados para vivienda y aquellos pensados como inversión?
AR:
En Vilela, muy poca. Porque los dueños igual preguntaban y opinaban y participaban (mi cuñado compró 2, que al empezar era uno grande y pidió partirlos). Todos participaron. El unico q no figuró fue el de los tíos españoles, q no estaban. Y quedó mas choto.... al final se lo compramos nosotros (es mi estudio ahora).
AR:
Fue un evento familiar, un tema de charla dominical, etc.
AR:
Comparable a Simona, que nació ese mismo año. Dos bebés.
MH:
Me gusta, el edificio como una comuna familiar.
MH:
¿Es decir que los que estaban destinados a un cliente, se vieron enriquecidos por el proceso?
AR:
: Sin duda. La mirada del amo engorda el ganado.
MH:
Ja!
AR:
Sí. Fue así
AR:
Y a los parientes más queridos se lo hicimos con más amor😊
MH:
Obviamente!


Pablo Ferreiro

MH:
Pregunto porque recuerdo oír hablar de la obra de AFRA como una conjunción entre tipología y estructura financiera. Como un tipo de vivienda, las viviendas apiladas, y una financiación en formato fideicomiso. Me refiero al período post crisis del 2001. Hacia 2005/2006, cuando yo estaba saliendo de la Facultad, ustedes lograron tener cierta marca arquitectónica que solía ser muy demandada. Hay pocos estudios que hayan logrado eso.
PF:
Bueno, algo de eso te comentaba al principio. El post 2001, la gran crisis cultural social y económica de nuestro país, nos encuentra aquí, sin pensar en irnos como muchos, y ante la posibilidad de reconstrucción, con la ventaja de lo capitalizado en la experiencia de la hiperinflación del 89. Éramos jóvenes, teníamos ganas y, con esa pequeña experiencia encima, sumada a un rebote casi obvio después de tocar el fondo, nos encontramos en el escenario de construir sobre una ciudad en crecimiento, en el nuevo anillo habilitado por las nuevas autopistas, en dos tipos de operaciones: los nuevos barrios del eje norte (vivienda unifamiliar para clases medias jóvenes pudientes, la posibilidad de vivir en casa propia en “la naturaleza”), y el stock de tierra que se ponía a disposición ante el desplazamiento de antiguos y tradicionales programas productivos (viveros, fabricas, studs vinculados al hipódromo de San Isidro), que ante el aumento de la renta sobre la tierra, se desplazaron 20 o 30 km más lejos, dejando vacante un potencial de tierra de dimensiones no habituales en la lógica del 8.66, donde nosotros, desde la arquitectura, logramos llevar adelante una serie de proyectos atípicos, con tipologías nuevas de vivienda agrupada que por un lado generaron nuevos formatos no contemplados y luego incorporados al código de San Isidro, y crearon una suerte de marca, que creo que a eso te referís.

Todos en el estudio nos volvimos un poco expertos en formatos financieros, impositivos, modelos legales, y eso nos fue haciendo bastante confiables, y fuimos receptores de la confianza de muchos pequeños (no tan pequeños) ahorristas que financiaron cada edificio, y de algún modo se volvieron desarrolladores, ya que nosotros trabajamos sin esa figura: cada inversor fue desarrollador; y nosotros, aunque éramos los referentes, convocábamos y de alguna manera administrábamos, usamos el formato para generarnos trabajo y controlar los proyectos desde lo arquitectónico, pero no teníamos que ver con el valor agregado de la renta en caso de que la hubiera, que siempre quedaba en manos de los inversores. Y como creo haberte comentado, si bien cada integrante del estudio se volvió una especie de experto en la multiplicidad de dimensiones que supone materializar un edificio (proyecto, construcción, compras, contabilidad, impuestos, bancos, finanzas, economía, etc.), el apoyo de mi hermana Liliana, economista, fue muy valioso para entender la cabeza de un inversor de otras ligas, para el que los dividendos y los profit se miden en el tiempo, y en comparación con otras inversiones posibles, de mayor o menor riesgo. O sea que comprender o tratar de comprender esa matriz mental, fue muy valioso para saber como argumentar.
MH:
Esos ahorristas/inversores, ¿eran familiares o conocidos directos?
PF:
Fue así en los dos o tres primeros proyectos. Muy rápidamente se fue ampliando esa red, de un modo muy natural. Si hoy hiciera la cuenta, debemos estar cerca de los cuarenta proyectos de vivienda agrupada construidos de esa manera, y de esos casi cuarenta, tal vez tres o cinco fueron hechos para un solo cliente. El resto fue para gente que depositó su confianza en nosotros y que nos permitió probar, verificar, experimentar y, en definitiva, tener mucha libertad proyectual durante todos esos años. Nunca logramos, en esa especie de autonomía, estar vinculados al sistema de desarrolladoras e inmobiliarias que han desarrollado buena parte de lo construido en estas últimas tres décadas. No existimos en esa liga.
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