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Me conociste en un momento extraño de mi vida

Martin Huberman establece una escena

Cuando todo se derrumbó
Cuando la gente gritaba que se vayan todos los políticos.
Cuando los bancos erosionaron sus únicos activos.
Cuando el intercambio retrocedió en el tiempo hasta el simple trueque.
Cuando las desiciones se tomaban en las calles en asambleas públicas.
¿Por qué habré decidido convertirme en una institución financiera?
¿Por qué habré elegido perseguir al dinero?
¿Por qué habré elegido ser el banco?

La tercera de las leyes del movimiento elaboradas por Isaac Newton establece que si un cuerpo ejerce una fuerza o acción sobre otro, este generará una segunda fuerza, llamada reacción, de igual magnitud y dirección pero en el sentido contrario. Esta ley que define los fundamentos de la dinámica clásica, podría también describir el comportamiento económico y social que regula las crisis y, por reacción, los de poscrisis. Al igual que un motor a reacción, todo período de crisis se sucede por un período de igual potencia y magnitud de bonanza económica y movimiento social. Sucedió en Estados Unidos luego de la Gran Depresión, más tarde en los llamados “treinta gloriosos” que se vivieron en Francia y otros países europeos luego de estar atravesada por veinte años de guerras, y por último luego de la crisis global del 2008.

En Argentina, la versión vernácula de la fórmula se ve potenciada por la predictibilidad en la que este terrible vaivén se sucede cada diez años, con una duración y un impacto indeterminados. En este país, la gente ha sabido a lo largo de los tiempos establecer estrategias de supervivencia para superar lo indómito que, basadas en el poderoso “sálvese quien pueda”, estructuran sistemas creativos que puedan ayudar a restablecer un nuevo orden social.

La crisis que estalló en diciembre de 2001 en Argentina es quizás la más dramática y profunda de su historia y la que tuvo mayor impacto en el tejido social de sus principales ciudades. Entre 2001 y 2003 el país estuvo sumergido en un vacío institucional y de representatividad sin precedentes, a partir del cual, y entre otras movilizaciones, el asambleísmo barrial se convirtió en ensayo de una nueva forma de gobernabilidad. En paralelo, llegó a esbozarse la idea de reemplazar la actividad económica basada en el consumo irrestricto por clubes de trueque que establecían un nuevo y frágil sistema financiero de carácter casi ancestral, al mismo tiempo que la economía nacional se desdoblaba en un sinfín de cuasi monedas. Los sistemas crediticios hipotecarios fueron dilapidados por el quiebre bancario y la inflación y se hizo casi imposible el acceso tradicional a la compra de una vivienda. La actividad financiera se desplomó producto de la abrupta caída en la confianza en las instituciones bancarias, responsables en parte de desencadenar la debacle al impedir que sus clientes accedieran a sus ahorros bancarizados. La inseguridad se apoderó de las calles con nuevas formas delictivas que alimentaron la proliferación de organismos y estructuras que prometían mitigar el miedo con reclusión. En paralelo, las urbanizaciones informales de la ciudad y de su conurbano aumentaron su población entre un cincuenta y un setenta por ciento, absorbiendo a migrantes que buscaban refugio en las ciudades y a sectores desprotegidos que la crisis llevó al desamparo.

Durante el rebote posterior a la crisis, como se conoce popularmente al período entre 2003 y 2008 donde primó la bonanza económica, se impuso una política general de laissez-faire que buscaba un rápido crecimiento económico mientras se ensayaba un reordenamiento de las instituciones. El clima social, que en el calor de la crisis abogaba por un cambio drástico en las estructuras políticas y sociales bajo la bandera del poscapitalismo cooperativo y colaborativo, volvió lentamente a ser seducido por el aparente confort del capitalismo tardío supra-consumista y desregulado.

La arquitectura y la construcción, golpeadas fuertemente incluso en los años previos a la crisis, no pudieron más que ensayar modelos alternativos de supervivencia. El abrupto salto entre el estancamiento absoluto y el posterior resurgimiento explosivo que tuvo el sector como resultado de una revalorizada confianza en el ladrillo como única inversión sostenible a futuro, hicieron de la disciplina un laboratorio financiero para salvaguardar ahorros y construir nuevas ideas de seguridad. Así, sin grandes lineamientos de la planificación urbana o hipotecaria, las transformaciones que operaron sobre el perfil de la ciudad y sus periferias vinieron casi exclusivamente del sector privado. Al mismo tiempo que se multiplicaban los trazados seculares de barrios cerrados, se formalizaban barrios de emergencia satelitales que, de manera autogestiva, construían vínculos directos con las fuentes de inversión y dinero. La villa como esponja social, la vivienda como modelo de ahorro, el arquitecto como desarrollador y los barrios privados como nuevo ideal de vida suburbana son algunos de los rasgos más marcados del período.

Me conociste en un momento extraño de mi vida es una investigación sobre las implicancias que este período de crecimiento “ilimitado” y desregulado tuvo sobre Buenos Aires en cuanto a su entorno construido, a su arquitectura como articuladora de las relaciones sociales y al suntuoso baile que se perpetró entre lo formal y lo informal. El trabajo, en primer lugar, hará hincapié en la extraña incondicionalidad que la disciplina adoptó hacia el dinero, para devenir en un organismo financiero cuasi autárquico. A continuación, se ahondará en el estudio de la capacidad de la arquitectura para arbitrar en los conflictos urbanos y sociales que brotaron con la creciente inseguridad que reinó ese período. La investigación hace foco en una arquitectura que supo trascender su estructura proyectiva para ser orgánica con su contemporaneidad, incluso si eso significó dejar su perspectiva social de lado.

Me conociste en un momento extraño de mi vida es el primer programa de CCA c/o Buenos Aires.

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